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Te lleva un par de minutos al día. Nada más que eso.
“Anoche, antes de dormir, traté de acordarme de algo lindo que hubiera pasado en el día.
Nada. La mente más en blanco que el vestido de una novia. Ah, claro, excepto porque sí que me volvía el flash de esa discusión tan fea, y no paraba de recordarme enviar el presupuesto a primera hora.
Y no es que no hubiera pasado nada lindo. Seguro que sí.
Siempre hay cosas bonitas, en cada día.
Ese momento en que te detenés a respirar profundo viendo un pájaro en un árbol -y te da tanta calma-, algo que me salió bien -pero ya lo olvidé-, un gesto o palabra amable que tuvieron conmigo…
Pero todo eso quedó tapado por el resto.
Y no fue solo anoche.
Hay días que se terminan y no sabría decir qué hice, ni cómo me sentí, aparte de estar más agotada que las entradas de Bud Bunny al terminar la preventa.
Vivo reaccionando a “lo que hay que hacer”, resolviendo, tachando cosas de una lista mental y, en algún momento de todo eso, me pasó lo que presagiaba John Lennon: se me empezó a pasar la vida por estar ocupada en otras cosas. Dejé de estar ahí, presente, en mi propia vida.
¿Te suena?
Esa de arriba fui yo muchas veces.
Muchas, muchas, demasiadas veces.
Y, no te voy a mentir, hay veces que me sigue pasando, que se me escapa el día… hasta que me hago ese momento para mí, chiquito, pero sagrado, y que es mi cable a tierra: escribir.
Ojo: no escribo mucho (a veces apenas una frase).
Tampoco escribo prolijo… y muchas veces parece no tener sentido lo que escribo (al menos, si alguien lo leyera, cosa que por supuesto no es así, me creería loca).
Pero me hace sentir que estoy viviendo mi vida.
Porque a veces ni me entiendo la letra (y, sin embargo, lo veo todo más claro y entiendo lo que me pasa)…
… O escribo apenas unas palabras (y estas me ayudan a ver que el día fue más lindo de lo que recordaba)
… O no sé cómo poner en palabras eso que siento (pero encuentro alivio inmediato)
… O ni sé qué escribir (hasta que aplico el truco para la página en blanco)
Escribir es la única forma que sirve de verdad para sentirme un poco más “yo misma”, y que estoy viviendo mi vida (y no la vida de alguien más).
Antes lo hacía de vez en cuando. Y siempre que escribía, me sentía bien.
Y entonces dije ¿y por qué no siempre? Pero pensé en las mil cosas que hago cada día, las responsabilidades y… ¿otra obligación más? no. Seguro lo abandono en semanas.
Hasta que recordé algo.
Un método super sencillo que sólo te toma un par de minutos al día.
De hecho, empezás con menos de 1 minuto al día.
¿Quién no tiene 1 minuto al día?
No 30, ni 15. Empezás con sólo 1 minuto (2 reels menos te alcanza y sobran, y es mucho más gratificante) y en cuestión de semanas tenés un hábito arraigado.
Este método es más simple que hacer fideos blancos y te puede servir para este y cualquier otro hábito que quieras aplicar a tu vida. Y todo esto se lo cuento a mis suscriptores de mis cartas gratuitas.
Algunos spoilers de lo que cuento en mis cartas gratuitas:
Si vos también querés hacerte un momento para vos a diario (incluso los días lunes), para pausar y disfrutar más de tu día a día, dejame acá tu email y te acompaño a lograrlo: