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DORMÍ BIEN

Dormí 8 horas. De verdad, que sean 8 horas. E intentá que el horario de descanso no comience después de la 1 de la mañana. Verás lo diferente que se siente cada despertar. El cuerpo y la mente rinden mucho mejor, y te sentirás más ligera(o).

Procurá dormir en un ambiente bien oscuro (también podés ponerte algo que tape tus ojos) y sin ruidos ni música; esto permitirá que puedas relajarte de verdad.

Evitá pensar en todo lo que tenés que hacer al día siguiente, mejor dejalo anotado de antemano y aprovechá el momento previo a dormir para pensar en cosas de las que te sentís orgullosa(o) o te hacen sentir en paz y feliz.

COMÉ BIEN

La alimentación es básica para un buen rendimiento laboral. Influye de manera directa en tu ánimo y en la eficiencia con que realizás tus tareas, por lo cual harás bien en considerar muy bien qué comer y cómo comer. Acá te doy algunos consejos:

Comé tranquila(o), en compañía de tus seres queridos en lo posible, cuidando masticar muy bien cada bocado (es increíble lo mucho que cambia tu alimentación con sólo este minúsculo cambio).

Evitá tomar café en exceso y sobre todo en épocas de mucho trabajo puesto que te mantienen en una actitud de alerta constante que deviene en desgaste físico y mental.

Disponé de varias comidas al día, pero sin ir picando. En cambio, cuando te dé hambre (entre comidas), comé alguna fruta.

ORDENÁ TU TIEMPO

Levantate a tiempo para empezar el día sin apuros. Desayuná tranquila(o) disfrutando la frescura de la mañana.

Organizate de tal manera que cada cosa tenga su espacio. Dale más tiempo a grandes cambios o proyectos difíciles.

Cuando armes tu agenda, dejá dos o tres espacios libres. Ni siquiera organices para qué los dejás. Por pequeños que sean, te servirán para “airearte” y preguntarte qué tenés ganas de hacer en el momento.

Tomarse un pequeño respiro fuera de la rutina es necesario, además, permite asumir los compromisos siguientes con más energía.

HACÉ EJERCICIO

Hacer ejercicio al menos tres veces a la semana puede beneficiarte en muchos sentidos. No sólo tu cuerpo, sino también tu rendimiento laboral pueden mejorar notablemente. Y vas a poder dormir y descansar mejor. ¡Animate!

Si no sos de los que gustan hacer deporte ni ir al gimnasio, podés movilizarte en bicicleta o caminando.

HIDRATATE

Tomá agua, mucha agua. Una botellita de agua es una excelente compañía para tu trabajo, tu hora de descanso, de ocio y cualquier otra actividad.

Evitá las bebidas alcohólicas y burbujeantes, o reducilas lo más que puedas.

Preparate para la mañana la noche anterior. Poné el desayuno en la mesa, sacá la ropa que utilizarás y demás. Dejá un margen de tiempo extra para hacer las cosas o llegar a algún lugar. Así los imprevistos no te molestarán.

RELAJATE

Reducí el ritmo, aprendé a disfrutar cada momento de tu vida. No esperes al fin de semana para “bajar el ritmo”. Date tu momento cuando lo necesites.

Respirá. Aprender a respirar es vital para tranquilizar el cuerpo y despejar la mente. Tomate dos o tres momentos al día para concentrarte en tu respiración. Podés probar haciendo alguna disciplina como yoga o tai chi, o simplemente haciendo algunos ejercicios de relajación, que acompañen la respiración.

DISFRUTÁ CADA MOMENTO

Hacé una cosa por vez. Así podrás disfrutar de todo lo que hacés y te rodea, cada día. Hay cosas simples y cotidianas que pasan desapercibidas: observá los árboles; sentí el aroma de una flor o una planta, sentí el calor del sol en tu cuerpo, observá el cielo azul, el sol, las nubes.